Blanca
elige sus propios colores. Sonríe sin mostrar los dientes, casi avergonzada, pero
cuando está feliz no necesita controlar más su risa y vuelve a ser una niña
caprichosa, infantil, divertida y loca. Habla pausado, demasiado pausado, y de
todo sabe un poco, hasta que su voz empieza a gastarse y habla muy bajo, con
frases sin decir y se apaga y todo se resume al silencio. Rulos, vida y de ella
¿qué sería sin el arte? Concentrada, con los dedos llenos de pintura y las
ganas desbordadas de sentir, con el delantal ajustado, respira lento, inspira
cambios, crea. Ansiosa, casi compulsiva, porque todo lo que quiere lo quiere ya
y trabaja para conseguirlo. En el arte: detallista, metódica, desordenada, reacción,
humanidad, comprensión, respeto, lucha, ideales, ese espacio en el que no
oculta su historia, tampoco la de sus padres, mucho menos la de su patria y
escucha a Charly, a Spinetta y a Mercedes Sosa y a muchas otras mujeres
cantoras. Se conoce demasiado, piensa en lo que debería haber hecho o cómo
debería actuar o qué cosas la harían sentir mejor, con ella misma y con el
resto, y su conclusión siempre es la misma: cualquier cosa la podría haber
hecho mejor. Detrás del arte: tachos de pintura, pinceles, desorden, sus
hermanos, el mate, aunque el mate siempre estuvo, una juntada con amigos, disparadores,
proyectos y más proyectos. Le gusta comer y cocinar, más que nada cuando es
para otros, siempre usa verduras y la tarta de manzana es su especialidad. Una
cerveza por la tarde, quizás un fernet o dos, la televisión encendida y la
creatividad descansa. Sueña con viajar, tener diferentes estilos de vida y aprender
de otras culturas y sin dudarlo elegiría Italia o Venezuela, pero por sobre
todos los países, Irlanda. Se sabe docente, aunque no de grado. Ojos tristes,
esos que una noche, en un bar, con un vaso en la mano y la mirada perdida,
encuentran otros ojos tristes, todavía más perdidos. Fucsia, azul,
amarillo, violeta y verde, no sabría cuál elegir porque todos le gustan y ansía
mirar el recorrido de su vida y ver una larga producción artística, pinturas,
murales y trabajos en cerámica. Libertad en mosaico. Responsabilidad,
compromiso y ese latido constante que es el miedo a fallarle a su familia, a
sus amigos, a su pareja y más aun a ella misma. Ahora una mano sostiene su mano
y entre el frío, el lago y la naturaleza, una voz cansada y feliz, le dice que
todo está bien. Ella le cree, porque lo sabe, y él también lo cree, porque aunque
no lo diga seguido prefiere la realidad que el falso optimismo, y ella cierra
los ojos, algo se detiene y sonríe y crece y siente la helada, un pincen entre
sus dedos, un lienzo dispuesto al arte, para sacudir conciencias, todas las que
pueda, sobre todo la suya y disponerla a la aventura, a los colores, a los
sueños, a la libertad. jueves, 9 de junio de 2016
Fucsia, azul, amarillo, violeta, verde: Blanca
Blanca
elige sus propios colores. Sonríe sin mostrar los dientes, casi avergonzada, pero
cuando está feliz no necesita controlar más su risa y vuelve a ser una niña
caprichosa, infantil, divertida y loca. Habla pausado, demasiado pausado, y de
todo sabe un poco, hasta que su voz empieza a gastarse y habla muy bajo, con
frases sin decir y se apaga y todo se resume al silencio. Rulos, vida y de ella
¿qué sería sin el arte? Concentrada, con los dedos llenos de pintura y las
ganas desbordadas de sentir, con el delantal ajustado, respira lento, inspira
cambios, crea. Ansiosa, casi compulsiva, porque todo lo que quiere lo quiere ya
y trabaja para conseguirlo. En el arte: detallista, metódica, desordenada, reacción,
humanidad, comprensión, respeto, lucha, ideales, ese espacio en el que no
oculta su historia, tampoco la de sus padres, mucho menos la de su patria y
escucha a Charly, a Spinetta y a Mercedes Sosa y a muchas otras mujeres
cantoras. Se conoce demasiado, piensa en lo que debería haber hecho o cómo
debería actuar o qué cosas la harían sentir mejor, con ella misma y con el
resto, y su conclusión siempre es la misma: cualquier cosa la podría haber
hecho mejor. Detrás del arte: tachos de pintura, pinceles, desorden, sus
hermanos, el mate, aunque el mate siempre estuvo, una juntada con amigos, disparadores,
proyectos y más proyectos. Le gusta comer y cocinar, más que nada cuando es
para otros, siempre usa verduras y la tarta de manzana es su especialidad. Una
cerveza por la tarde, quizás un fernet o dos, la televisión encendida y la
creatividad descansa. Sueña con viajar, tener diferentes estilos de vida y aprender
de otras culturas y sin dudarlo elegiría Italia o Venezuela, pero por sobre
todos los países, Irlanda. Se sabe docente, aunque no de grado. Ojos tristes,
esos que una noche, en un bar, con un vaso en la mano y la mirada perdida,
encuentran otros ojos tristes, todavía más perdidos. Fucsia, azul,
amarillo, violeta y verde, no sabría cuál elegir porque todos le gustan y ansía
mirar el recorrido de su vida y ver una larga producción artística, pinturas,
murales y trabajos en cerámica. Libertad en mosaico. Responsabilidad,
compromiso y ese latido constante que es el miedo a fallarle a su familia, a
sus amigos, a su pareja y más aun a ella misma. Ahora una mano sostiene su mano
y entre el frío, el lago y la naturaleza, una voz cansada y feliz, le dice que
todo está bien. Ella le cree, porque lo sabe, y él también lo cree, porque aunque
no lo diga seguido prefiere la realidad que el falso optimismo, y ella cierra
los ojos, algo se detiene y sonríe y crece y siente la helada, un pincen entre
sus dedos, un lienzo dispuesto al arte, para sacudir conciencias, todas las que
pueda, sobre todo la suya y disponerla a la aventura, a los colores, a los
sueños, a la libertad. martes, 10 de mayo de 2016
Aquello que no se dice
Hace
poco escuché a una mujer que contaba que su madre había muerto y que, desde ese
momento, tiene la necesidad de ser tocada, de sentir otro cuerpo, una mano en
su cara, un abrazo, algunos susurros, otras personas. Desesperación. Quizás alguien que le
mienta, que le diga que la quiere, que es especial, que van a estar siempre
juntos y que todo va a estar bien. No le importa que no sea cierto, ni siquiera
es lo que ella quiere, pero le gustan esas mentiras y le gusta fingir que las
cree. Fingió con tantas otras cosas, por qué no lo haría con eso. Pero
ella, a sus amantes, no les dice nada, los mira en silencio, a veces les sonríe
sin mostrar los dientes, porque esa sonrisa es solo para sus hijos. Le gusta
tratar a los hombres igual que a la literatura, lo importante es aquello que no
se dice. Un abismo. Porque lo que se menciona, se naturaliza. Después de su
segundo libro, su hermano y algunos amigos dejaron de hablarle, muchos la
juzgaron, otros solo no la entienden. Ella decidió dejar de correr atrás del
rumor, ya no da explicaciones, como tampoco se ocupa de lo que el resto piense
de ella. Que sea lo que sea y digan lo que quieran, porque nadie está exento de
la crítica. Sabe que es mucho más difícil encontrar personas que de la nada
digan algo bueno, que abracen sin que se los pidan, que escuchen sin atacar, que
pidan perdón, que digan gracias, que sonrían, porque, por lo general, es más
fácil encontrar a alguien que juzgue, que critique o que esté a la defensiva.
Le da pánico convertirse en alguien que no saben lo que quiere o, mucho peor,
que sabe lo que quiere, pero se pone demasiadas excusas para conseguirlo. Ella
quería ser editora, conocida y exitosa, igual que su madre. No lo logró. La
editorial que había fundado terminó en la quiebra, desempleada y sin novio, tal
vez algún amante ocasional, nunca se le había pasado por la cabeza escribir,
hasta que su madre murió y, con la muerte, perdió la vergüenza y encontró su
voz. Cuantas cosas no hubiera dicho si su madre todavía estuviera viva. Lo
intentó y lo hizo. Le gusta observar a las personas cuando buscan espacios para
escapar un poco de la realidad: cuando toman alcohol o fuman, cuando están en
bares o boliches, cuando se abrazan o se dan algún beso. Es fanática de Messi,
de ir a la cancha y se sienta en la tribuna y ve pasar la vida. Esos 90 minutos
llenos de adrenalina, igual que el sexo o la comida, solo instantes en los que
se siente realmente viva. Prefiere reír que llorar y nunca se toma las cosas
tan en serio, a pesar de que los padres de sus hijos se lo criticaran, aunque para
ella fuera innegociable, porque es el legado más grande que le dejó su madre.
sábado, 23 de abril de 2016
Mi hermana menor
Para
un puesto de trabajo pedían una carta motivacional en la que se indicara: por
qué se era apto para ese trabajo, los ídolos o aquellas personas a las que se admira
y cómo se veía uno en cinco o diez años, entre otras cosas. ¿Mis ídolos? Pensé
en muchos deportistas: Leo Messi, Lucha Aymar, Emmanuel Ginóbili, Paula Pareto,
entre otros. Sí, son talentosos, sí, son diferentes, sí, son deportistas de
otro planeta, pero en verdad, ninguno de ellos es mi fuente de inspiración y
nunca lo fueron. Pensé en mis hermanos, en primer lugar, porque siempre fueron
un motor en mí. En segundo lugar, porque son esas personas que querés, pero que
también odias, que te quieren y que te odian y en todo momento te desafían y te
hacen cambiar. Sin ir más lejos, mi hermana más chica, esa persona que saca lo
peor y lo mejor de mí: juega al hockey, a veces tiene un carácter de mierda, a
veces pura ternura, a veces un demonio. Me impacta lo generosa que puede llegar
a ser y si apostáramos quién ganaría en una lucha entre las dos, aunque me
duela, tengo que admitir que sería ella y por mucha diferencia, como también
sería a la persona a la que le pediría que me defendiera ante cualquier
eventualidad. No me acuerdo si ella tenía cinco o seis años cuando me vio
llorar por culpa de mi novio de ese momento, no me dijo nada, de hecho yo no
estaba al tanto de que me hubiera visto, pero cuando él volvió a mi casa, ella
se le acercó, lo señaló con el índice y le dijo que no quería volver a verme
llorar o le iba a tener que pegar. Cuando tenía tres años defendió a otro de
mis hermanos (que en ese momento tenía cinco) cuando un chico más grande los
molestaba en un pelotero y, hace no mucho, intentaron robarle el celular, no
llegó a correr, ni a pedir ayuda, firme, seria, de frente al ladrón y dijo “no”.
El ladrón la miró confundido, la agarró e intentó sacárselo, ella, sin pensarlo
demasiado, le dio una piña y se quedó con el brazo y el puño levantado, si él
avanzaba, ella volvería a pegarle. El ladrón se quedó paralizado, ella cada vez
más firme, él cada vez más confundido y huyó y se escapó con alguien que lo
esperaba en una moto.
Es
terca, demasiado terca y no hay nada que no pueda lograr. No conozco otra
persona tan determinante como ella. Se propone objetivos y los cumple. Simple.
No espera reconocimiento, aunque cada vez que tiene un partido mira hacia
afuera para ver si alguien la fue a ver. Es buena, divertida, a veces le gusta
la música, a veces el silencio. No le gusta mucho ir al cine, aunque vio todas
las películas que hay en Netflix. Es mi mejor amiga y un orgullo tenerla como
hermana. Siempre quiere un poquito más, de todo y de todos. Inquieta,
demasiado, sobre todo si ese día no tuvo que entrenar. Muy puntual y estructurada.
Fría y distante para demostrar sus sentimientos, pero solo para aquellos que no
tienen paciencia para mirarla a los ojos y descubrir a esa mujer sensible que
se muestra todo el tiempo como pura fuerza. Fiel y leal con sus amistades. Muy exigente consigo
misma. De esas personas extraordinarias que la convivencia los convierte en
ordinarios. Cumple 18, quizás todavía no tiene muy en claro qué quiere de su
futuro, pero desde siempre supo que va a ser una Leona. Lo sabe, no necesita
más y está segura de que lo va a lograr, pero no sabe, o no se acuerda, de que ya
lo es.
miércoles, 13 de abril de 2016
Entrevista a Dante Spinetta y a Emmanuel Horvilleur
Entre la alquimia, la magia y las historias que cuentan
en cada canción, en el presagio de su unión y en su amistad, buscando un salto
de madurez, Emmanuel y Dante presentan el nuevo disco de Illya Kuryaki and theValderramas “L.H.O.N (La Humanidad o Nosotros)”.
Si tuvieras que definirte ¿Cómo dirías que sos?
Dante Spinetta: Las cosas que quiero contar las cuento, lo
hago con la música y con lo que me gusta compartir, aunque hay ciertas cosas que
hay guardarse para uno. Me es necesario tener mi espacio, mi refugio de un
montón de situaciones que son personales. La gente sabe quién soy. Soy un
músico al que le gusta flashear, me gusta descubrir nuevos horizontes y mezclar
pociones. Me gusta la alquimia en el sonido. Sí, soy un alquimista.
¿Cómo
es tu proceso creativo, tenés algún método?
D.S.: De todas las maneras posibles. Hay veces que me
estoy bañando y me surge una letra o una melodía y salgo y la grabo
inmediatamente. Algunas veces estoy en el teclado, la guitarra, el bajo o la
batería o estoy escribiendo algo en algún avión y cuando te baja la data hay
que aprovechar y plasmarla. Esa magia siempre hay que aprovecharla. De golpe
aparece algo que está bueno y tengo que registrarlo para no olvidarme. A veces
es solo un instante, pensás en otra cosa y, en un segundo, te olvidaste. Por
eso, siempre guardo todo en el celular porque después de ahí surgen canciones
que están buenas.
Por lo general, o se podría decir que el 80% de las veces,
surge primero la música, aunque a veces la música baja con la letra.
¿Cómo
se complementan en el proceso creativo?
Emmanuel Horvilleur: Esa es la mágia de Illya Kuryaki: un
ida y vuelta entre dos artistas que tenemos muchas cosas en común y otras no
tanto. Es eso lo que nos gusta, el ida y vuelta y todo lo que se va generando.
Si
fueses una canción ¿cuál serías?
D.S.: Si fuera una canción todavía no tengo final. El día
que me muera terminaré esa canción, todavía no.
¿Qué
música te gusta escuchar?
E. H.: En Spotify te puedo recomendar una playlist que
hice para Citroën: es un playlist de 40 canciones. Están muy buenas. En cuanto
a algún disco, estoy escuchando a un artista que se llama Miguel.
¿Cuál
podrías decir que es tu tema preferido?
E.H.: Para dormir me gusta el silencio, pero hay discos
con los que me quedé dormido y se metieron en mis sueños, entre ellos están: la
música de una película que se llama “París, Texas” de Ry Cooder, muy bueno.
También los discos de las baladas de Chet Baker de trompeta de jazz o Caen los
blues.
Hace
cuatro años volvieron conformar Illia
Kuryak ¿Cuáles sentís que son las diferencias entre ser solista y volver a trabajar con
Emmanuel?
D.S.: Con Emanuel somos amigos de toda la vida y nos
volvimos a juntar para volver a recrear la química y la amistad arriba del
escenario. Además, juntos nos salen cosas que están buenas. Estamos en un gran
momento, por presentar un disco nuevo después de haber vuelto con “Chances” en
2012 y nos fue excelente, nos superaron las expectativas, ganamos grammys,
ganamos de todo, la gente llenó todos los lugares en los que nos presentamos en
Latinoamérica, tocamos en EEUU. Hay una especie de presagio super positivo en
nuestra unión, en nuestra amistad. En el horóscopo chino Emmanuel es tigre y yo
soy dragón y somos un dúo con fuego espiritual muy grande.
Si le
pregunto a él qué piensa de vos ¿qué diría?
D.S.: Primero somos amigos, después viene todo lo demás.
Siempre priorizamos la amistad ante todo. Cuando el 2000 nos separamos fue
porque en ese momento queríamos hacer cosas distintas, nunca hubo peleas, solo
ganas de ir por caminos distintos.
¿Qué
es de las mejores cosas que te aporta Dante?
E.H.: Dante tiene un status alto de las canciones. En
cuanto a la producción, siempre trata de llevarlas a una cosa magna. Eso le
termina haciendo muy bien a las canciones. En lo personal es un amigo, aporta
cosas buenas, vida.
Vos
¿Qué le aportás a él?
E.H.: Deben ser muchas cosas, pero calculo que, aunque
tenga cara de culo, yo le aporto el humor.
¿Cuáles
son sus próximos proyectos?
D.S.: En abril sale el disco nuevo, grabando a pleno, todo
el día en el estudio. Lo grabamos en distintas partes del mundo, aunque muchas
de las locaciones, por no decir casi todas, son acá en Buenos Aires. La parte
de los vientos en Miniapolis, en la tierra de Prince. Después, en Praga, vamos
a grabar las cuerdas y lo vamos a mezclar en los Angeles. Es un disco que va a
llevar impresa toda esa energía mundial que fuimos recogiendo en todas las
giras, pero es muy personal, muy nuestro, muy Buenos Aires, con ese crisol de
razas y culturas del cual nosotros nos sentimos representantes.
¿Cuál
es la impronta de Illia Kuryaki?
E.H.: Somos una banda que hacemos discos, de esos discos
se desprenden canciones, pero somos una banda de la vieja escuela: nos interesa
la obra y contar historias en las que después hay diferentes escenas. Lo que
nos importa son los discos y sus títulos y que abarquen un poco lo que pensamos
o intentamos dar a entender en los momentos en el que lo hacemos.
¿Cómo
esperan llegarle a la gente?
D.S.: Nosotros hacemos música y la gente conecta o no,
pero no nos podemos quejar porque hay muchísima gente que nos sigue en todos
lados. Algunas veces más, algunas menos, pero el viaje es así, es el que
elegimos. No importa tanto si después vendemos más o menos discos. A nosotros
nos llena de orgullo nuestra movida, a la hora de irme a dormir, cerrar los
ojos y pensar en que estoy haciendo lo que me gusta y estoy agradecido de tener
fans y gente que me siga. Acá es todo libertad. Illia Kuryaki es una banda libre,
no pertenecemos a ningún estilo, hacemos lo que se nos canta el culo. Eso es lo
que le gusta a la gente que nos sigue, que pueden flashear. Los discos son
diferentes entre sí, pero dentro de cada disco hay muchos planetas de esa
galaxia o de los viajes que proponemos y es eso lo que nos convirtió en una
banda con un sonido tan particular.
Etiquetas:
Dante Spinetta,
disco,
Emmanuel Horvilleur,
entrevista,
Illya Kuryaki and the Valderramas,
L.H.O.N (La Humanidad o Nosotros),
música
lunes, 4 de abril de 2016
Entrevista a Hernán Casciari
Radicado definitivamente en la Argentina, el escritor y
creador del blog Orsai, escritor de la obra “Más respeto que soy tu madre” que
hace años representa Antonio Gasalla, hace radio una vez por semana en “Perrosde la Calle” con Andy Kusnetzoff y está haciendo “Obra en construcción”, una
lectura de cuentos en vivo con actores, músicos, su madre, amigos y parientes
en escena.
Después de 15 años de
vivir en España ¿Ya estás radicado definitivamente en la Argentina?
Hace tres meses, que estoy acá. Me separé hace cuatro meses
de mi ex mujer y me vine. Mi hija vive allá y arreglamos para vernos cada mes y
medio.
¿Cómo tomaste la
decisión de irte para allá?
No lo decidí. Gané un concurso de cuentos en Francia y cuando
fui a recibir el premio, conocí una Catalana y me quedé. No fue una decisión
meditada, de hecho acá tenía laburo y allá durante los dos primeros años estuve
en negro porque no tenía ni papeles. Con el tiempo empecé a extrañar mucho,
pero ya tenía una hija. Me costó muchos años volver.
¿Cómo fue que empezaste
a escribir?
Mi viejo tenía una máquina, una máquina Olivetti viejísima,
yo tenía dos o tres años y me alucinaba el mecanismo, me gustaba más que mis
propios juguetes. Le pedí a mi viejo que me enseñara a usarla y él interpretó
que me gustaba escribir, entonces me enseñó, empecé primer grado ya escribiendo
muy bien y a máquina. A los 12 años empecé a trabajar en el diario de Mercedes
haciendo crónicas deportivas, ganaba guita por escribir y me pareció divertido.
Después empecé a hacer revistas en la escuela y no terminé el secundario para
poder hacer más revistas. Me gusta mucho la imprenta y la distribución de
medios. Me gusta todo el engranaje, de hecho a mis libros los trabajo
absolutamente yo. No me gusta delegar eso. Escribir es algo más entre una bocha
de cosas buenísimas que tiene comunicar.
¿Cuándo empezaste a
escribir ficción?
Cuando empecé a escribir. Al principio los trabajos que
conseguía de escritura eran en un diario y fingía que era periodista y empecé a
inventar a los entrevistados para poder jugar a que estaba escribiendo cuentos.
A los 19 fundé una revista que se llamó “La ventana de Mercedes” y las
entrevistas que publicaba eran completamente falsas: a ladrones, a violadores,
a astrólogos, que no existían. Las viejas del pueblo creían que eran reales, la
otra mitad compartía códigos y entendía que todo era surrealista, pero se
generaba mucha confusión. Empecé a jugar así. Después, internet me vino en
bandeja para poder mentir, aunque yo ya había practicado bastante.
¿Cómo es tu proceso o
cuáles son tus hábitos de escritura?
Los tenía, pero hace tres meses tuve un infarto y tuve que
dejar todos los hábitos que tenía. Absolutamente noctámbulo, en la casa todos
duermen, caos mental, un escritorio muy desarmado, rituales de humo,
tabaquismo, el porro, cosas que ya no hago más, pero que hice durante los
últimos 30 años. Desde hace tres meses esos hábitos cambiaron, igual que mi
forma de escribir.
¿Cuán difícil te
resultó cambiar esos hábitos?
El médico me dijo que no podía hacer más determinadas cosas
y resultaron ser las únicas que hacía. En ese momento estaba en medio de ese proceso
culpógeno por estar volviendo a la Argentina y una de las cosas que no podía
hacer era tomar aviones. No podía volver a España, no era “no me quiero volver”,
era “ya no puedo volver”. Me puse muy contento, el médico me estaba obligando a
quedarme acá. Estoy tan contento de estar acá que no me costó nada. El infarto
me ayudó a acomodar la cabeza.
Dijiste que “si
hubieses tenido que elegir el peor momento para morir hubiera sido ese” ¿por
qué?
El infarto me agarra en Uruguay, en una casa de campo en
Montevideo, alejadísima de la ciudad, un domingo, en un lugar en el que no
tenés obra social y la avenida que unía ese barrio con un hospital estaba
atiborrada de gente de Peñarol que había salido campeón. Los anfitriones de la
casa me subieron a un auto para llevarme al hospital que quedaba a 20 minutos
de ahí, pero con ese tráfico podía ser una hora. Apenas salimos, el que me llevaba
encuentra un patrullero y le dice “llevo un infartado” y el patrullero empieza
a sonar la sirena, la gente se abría y nos hacía camino. A las seis cuadras
otro patrullero y ya eran dos. Durante ese viaje pensaba en que me estaba
muriendo, era consciente de que tenía que hacer fuerza para respirar, se me
bajó la presión, sentía que me iba a desmayar, pero si me desmayaba no tenía la
fuerza para seguir respirando y la quedaba ahí. Traté de no pensar mucho, de no
sentir la emoción de estar muriendo, porque estar muriendo es un momento
importante en la vida. No quería morirme y que apareciera la frase “murió de
camino al hospital, casi llega”. Me salvaron de pedo.
El infarto me ordenó la vida, me sirvió de excusa y no solo
para quedarme: estar vivo, estar acá, poder escribir, hacer un unipersonal en
el teatro, es una yapa, es seguir jugando.
¿Cuál es tu mayor
fracaso literario?
Desde hace 14 años escribo una vez por semana para el blog.
Es imposible fracasar. Pero antes del Orsai, todo lo que escribí es un fracaso,
de los 17 a los 32, cerca de diez mil páginas, todo inservible. Pensaba que ser
escritor era ser inteligente, cagar más alto que el culo, ser prestigioso, usar
polera negra, fumar en pipa, quería el rótulo, una mentira, un vago, porque en
ese momento yo no estaba escribiendo, quería haber sido escritor. Lo único que siempre
me salió bien eran las mentiras en el diario para que se lo creyeran las viejas
del pueblo, ese sí era yo. Cuando dejé de querer ser escritor, me empecé a
divertir, apareció internet y le empecé a escribir a la gente de Mercedes en
una plataforma gigantesca. Me di cuenta de que mi voz era esa voz pelotuda.
Escribo sobre las boludeces que sé, sobre la gente que conozco, sobre mis
amigos y eso me pasó cuando creí que ya no podía ser escritor.
¿Cómo se generó el
proyecto de “Una obra en construcción”?
Pergollini me invitó a leer cuentos en la radio, primero muy
mal, después le encontré la vuelta, me bajé un programa de audio y a editar. Empecé
a gustar leer mis cuentos, a la gente le gustaba, se reían y el año pasado un
director me ofreció hacerlo en teatro. Hay cuentos en los que mi vieja
participa, antes la imitaba yo, ahora lo hace ella, casi siempre me caga a
pedos, me gritaba y lo hace igual que cuando era chico. También enrolla un
diario y me pega.
¿Cuál podrías decir
que es tu pasión?
Comunicar. Pensar en algo y que le llegue a la gente. Cuando
a los 12 años escribía crónicas de básquet, la entregaba los viernes a la tarde
y salía los sábados. La escribía en mi máquina, caminaba las cuatro cuadras con
mi hoja hasta el diario, entregaba, veía como esa carilla pasaba a una plancha,
el rodillo, la distribución, después te llevaban los diarios en bicis, tocaban
el timbre y veía cómo pasaba por debajo de la puerta, mi abuela Chola lo abría,
buscábamos lo mío y eso que había escrito el viernes a la tarde estaba en todas
las casas del pueblo con mi nombre y mi apellido. Para mí eso era magia y lo
sigue siendo.
miércoles, 23 de marzo de 2016
"Hay que seguir viéndola para no olvidar”

LA HISTORIA OFICIAL
Este 24 de marzo, en el día Nacional de la Memoria por laVerdad y la Justicia, tras cumplirse 40 años del golpe de Estado, se podría
decir que ya no vivimos en el país de no me acuerdo. Se reestrena “La historia oficial”, la película más premiada del cine argentino, que en 1985 ganó un
Oscar y que relató parte del horror vivido en la última dictadura militar.
Llegué al cine a las 10 de la mañana, un café con leche, dos
medialunas y no estaba segura de la película con la que me iba a encontrar. No
la había visto y el título siempre me hizo pensar que iba a ver una especie de
documental. Me senté arriba de todo, lejos, separada de la gente y me impactó.
No me podía mover del asiento, como tampoco podía creer no haberla visto antes. Después de 30 años, el director y
algunos de los actores estaban ahí, para contar qué les generó filmarla y qué sienten con respecto al reestreno.
¿En qué momento
comenzaron con la filmación de “La historia oficial”?
Luis Puenzo: “Lo primero que se filmó fue en el ´83, la
escena en la que se ve la represión de una manifestación en la Plaza de Mayo. Es
una escena real, nadie sabía lo que estábamos filmando. Conseguimos unas
credenciales de prensa para disimular. Se cantaba ‘se va a acabar, la dictadura
militar’’, era la consigna en las marchas, en los recitales, en las pintadas. Era
una expresión de deseos, no suponíamos que iba a ocurrir tan pronto, pero a
mediados del ’83 los militares llamaron a elecciones”.
¿Cómo decidieron ser
parte de esta película?
Patricio Contreras: La leí de una sentada y me emocioné. La
película te atrapa, te compromete.
Norma Aleandro: “Tras volver del exilio, la primera vez que
Luis me contó lo que quería hacer, no podía parar de llorar. Rechacé muchas
veces la película por miedo. Con Luis parecíamos una pareja que se separaba,
pero me convenció y me alegro mucho de haberla hecho. Fue un momento en el que
teníamos miedo e iba con miedo a filmar, me acuerdo mucho más de eso que de la
manera en que encaré el personaje. Lo tomé como un deber de ciudadana”.
¿Qué representa esta
película?
Norma Aleandro: "Esta película nos dio muchas
satisfacciones como artistas y como argentinos. La conmoción que genera es
impresionante y sigue siendo testimonio de un momento que no se terminó. Lo
triste de esta historia es que sea tan verdadera, tan real. No fue fácil
filmar, teníamos mucho miedo. Fue difícil, filmar no era relajado y hubo
actores amenazados. Incluso se decidió dar por cancelada la filmación para la
prensa, pero se siguió filmando. Hoy la película es importante para que siga
viva la memoria de seguir buscando y reparando lo que sucedió.".
Luis Puenzo: “Las películas también envejecen y se mueren y
pensé ‘la tengo que restaurar’. Quiero verla con chicos de 40, gente que no la
vio y que les parece milagroso que una película de hace 30 años sea buena. La
película es así. Creo que está muy vigente. Este país ha hecho mucho más que
cualquier otro para revisar su pasado y tiene que seguir revisando lo que nos
pasó. Es un eterno presente. En ese momento era muy difícil ir al cine y ver lo
que estaba pasando. La película hizo un circuito muy fuerte que terminó con el
Oscar.
¿Cómo fue el proceso
de filmación de la película?
Luis Puenzo: “La película empezó a filmarse en ‘83, cuando recién
se habían recuperado tres hijos de desaparecidos. Todavía no se sabía mucho cómo
había sido el procedimiento de apropiación de bebés. Filmamos y escribimos en
el presente. Hay que agradecerle mucho a las abuelas, que son las mismas de
hoy, solo un poco más viejitas, pero son las mismas. En ese momento ellas tampoco
tenían demasiado en claro los procedimientos, pero iban por la tercera
identidad restituida. Hoy ya son 119 los nietos recuperados y para nosotros
esta es una forma de medirlo”.
¿Cuál fue el aporte
de Abuelas para la película?
Luis Puenzo: “Hay muchos tramos de la película que son
estrictamente documentales. Es muy fino el espacio entre la ficción y la
realidad. La idea de producir las fotos y las fichas de las abuelas no nos
gustaba nada. Le pregunté a Estela de Carlotto qué hacer, si usábamos las
verdaderas o si las hacíamos como utilería. Estela me contestó que tenía que
charlarlo con las abuelas. Unos días después me dijo que le avisara acerca de
la fecha del rodaje, que las traerían ellas. Ese día, en el rodaje, llegaron
las abuelas con una carpeta, era real: nos aportaron esas fotos, esas fichas,
la verdad. En esa escena Norma está sentada y mira una carpeta, al empezar a
pasar las hojas se puso pálida”.
Norma Aleandro: “Nunca voy a olvidar la escena en la sede de
Abuelas de Plaza de Mayo. Mi personaje tenía que hojear una carpeta con fotos
para tratar de identificar a los padres desaparecidos de la niña. Las Abuelas
me dieron la carpeta real que tenían las fotos de los desaparecidos. Era
terrible tener esa carpeta en las manos. Tenía ganas de llorar y salir
corriendo. Fue horrible, me costaba después estar normal para hacer lo que
tenía que actuar. Para nosotros fue muy angustioso”.
¿Qué esperás que
genere en el público el reestreno de la película?
Luis Puenzo: “Todavía hay un ellos y un nosotros. Hay que seguir
viéndola para no olvidar”.
Etiquetas:
día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia,
Dictadura militar,
entrevista,
La historia oficial,
Luis Puenzo,
Memoria,
Norma Aleandro.,
Oscar
jueves, 10 de marzo de 2016
Simple!
Porque cada tanto es lindo sentir que alguien nos quiere y esa es la desesperada búsqueda que se presenta en la vida cotidiana. Simple. Una comedia dramática que cuenta la historia de Germán, un tipo de treinta años, que trabaja en una productora y que siente que no encuadra en el perfil de hombre que las mujeres desean. Simple. Germán no puede disfrutar de lo que le pasa en la vida y con sus comentarios desafortunados, hace todo lo posible para cumplir con su objetivo: conocer mujeres, aunque sabe que en toda relación siempre hay un tercero. Se anota en cursos, exprime el Facebook y va a fiestas, se cruza con gente nueva y resucita viejas historias inconclusas. La serie está resumida en 12 capítulos, de 10 minutos, y puede verse en UN3.tv, el canal de la Universidad Tres de Febrero. Porque los personajes cobran vida, los amigos son esos de hace mil años, de siempre, un gol de media cancha. Simple.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













