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miércoles, 13 de abril de 2016

Entrevista a Dante Spinetta y a Emmanuel Horvilleur





Entre la alquimia, la magia y las historias que cuentan en cada canción, en el presagio de su unión y en su amistad, buscando un salto de madurez, Emmanuel y Dante presentan el nuevo disco de Illya Kuryaki and theValderramasL.H.O.N (La Humanidad o Nosotros)”.

Si tuvieras que definirte ¿Cómo dirías que sos?
Dante Spinetta: Las cosas que quiero contar las cuento, lo hago con la música y con lo que me gusta compartir, aunque hay ciertas cosas que hay guardarse para uno. Me es necesario tener mi espacio, mi refugio de un montón de situaciones que son personales. La gente sabe quién soy. Soy un músico al que le gusta flashear, me gusta descubrir nuevos horizontes y mezclar pociones. Me gusta la alquimia en el sonido. Sí, soy un alquimista.

¿Cómo es tu proceso creativo, tenés algún método?
D.S.: De todas las maneras posibles. Hay veces que me estoy bañando y me surge una letra o una melodía y salgo y la grabo inmediatamente. Algunas veces estoy en el teclado, la guitarra, el bajo o la batería o estoy escribiendo algo en algún avión y cuando te baja la data hay que aprovechar y plasmarla. Esa magia siempre hay que aprovecharla. De golpe aparece algo que está bueno y tengo que registrarlo para no olvidarme. A veces es solo un instante, pensás en otra cosa y, en un segundo, te olvidaste. Por eso, siempre guardo todo en el celular porque después de ahí surgen canciones que están buenas.
Por lo general, o se podría decir que el 80% de las veces, surge primero la música, aunque a veces la música baja con la letra.

¿Cómo se complementan en el proceso creativo?
Emmanuel Horvilleur: Esa es la mágia de Illya Kuryaki: un ida y vuelta entre dos artistas que tenemos muchas cosas en común y otras no tanto. Es eso lo que nos gusta, el ida y vuelta y todo lo que se va generando.

Si fueses una canción ¿cuál serías?
D.S.: Si fuera una canción todavía no tengo final. El día que me muera terminaré esa canción, todavía no.

¿Qué música te gusta escuchar?
E. H.: En Spotify te puedo recomendar una playlist que hice para Citroën: es un playlist de 40 canciones. Están muy buenas. En cuanto a algún disco, estoy escuchando a un artista que se llama Miguel.

¿Cuál podrías decir que es tu tema preferido?
E.H.: Para dormir me gusta el silencio, pero hay discos con los que me quedé dormido y se metieron en mis sueños, entre ellos están: la música de una película que se llama “París, Texas” de Ry Cooder, muy bueno. También los discos de las baladas de Chet Baker de trompeta de jazz o Caen los blues.

Hace cuatro años volvieron conformar Illia Kuryak ¿Cuáles sentís que son las diferencias entre ser solista y volver a trabajar con Emmanuel?
D.S.: Con Emanuel somos amigos de toda la vida y nos volvimos a juntar para volver a recrear la química y la amistad arriba del escenario. Además, juntos nos salen cosas que están buenas. Estamos en un gran momento, por presentar un disco nuevo después de haber vuelto con “Chances” en 2012 y nos fue excelente, nos superaron las expectativas, ganamos grammys, ganamos de todo, la gente llenó todos los lugares en los que nos presentamos en Latinoamérica, tocamos en EEUU. Hay una especie de presagio super positivo en nuestra unión, en nuestra amistad. En el horóscopo chino Emmanuel es tigre y yo soy dragón y somos un dúo con fuego espiritual muy grande.

Si le pregunto a él qué piensa de vos ¿qué diría?
D.S.: Primero somos amigos, después viene todo lo demás. Siempre priorizamos la amistad ante todo. Cuando el 2000 nos separamos fue porque en ese momento queríamos hacer cosas distintas, nunca hubo peleas, solo ganas de ir por caminos distintos.

¿Qué es de las mejores cosas que te aporta Dante?
E.H.: Dante tiene un status alto de las canciones. En cuanto a la producción, siempre trata de llevarlas a una cosa magna. Eso le termina haciendo muy bien a las canciones. En lo personal es un amigo, aporta cosas buenas, vida.

Vos ¿Qué le aportás a él?
E.H.: Deben ser muchas cosas, pero calculo que, aunque tenga cara de culo, yo le aporto el humor.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?
D.S.: En abril sale el disco nuevo, grabando a pleno, todo el día en el estudio. Lo grabamos en distintas partes del mundo, aunque muchas de las locaciones, por no decir casi todas, son acá en Buenos Aires. La parte de los vientos en Miniapolis, en la tierra de Prince. Después, en Praga, vamos a grabar las cuerdas y lo vamos a mezclar en los Angeles. Es un disco que va a llevar impresa toda esa energía mundial que fuimos recogiendo en todas las giras, pero es muy personal, muy nuestro, muy Buenos Aires, con ese crisol de razas y culturas del cual nosotros nos sentimos representantes.

¿Cuál es la impronta de Illia Kuryaki?
E.H.: Somos una banda que hacemos discos, de esos discos se desprenden canciones, pero somos una banda de la vieja escuela: nos interesa la obra y contar historias en las que después hay diferentes escenas. Lo que nos importa son los discos y sus títulos y que abarquen un poco lo que pensamos o intentamos dar a entender en los momentos en el que lo hacemos.

¿Cómo esperan llegarle a la gente?

D.S.: Nosotros hacemos música y la gente conecta o no, pero no nos podemos quejar porque hay muchísima gente que nos sigue en todos lados. Algunas veces más, algunas menos, pero el viaje es así, es el que elegimos. No importa tanto si después vendemos más o menos discos. A nosotros nos llena de orgullo nuestra movida, a la hora de irme a dormir, cerrar los ojos y pensar en que estoy haciendo lo que me gusta y estoy agradecido de tener fans y gente que me siga. Acá es todo libertad. Illia Kuryaki es una banda libre, no pertenecemos a ningún estilo, hacemos lo que se nos canta el culo. Eso es lo que le gusta a la gente que nos sigue, que pueden flashear. Los discos son diferentes entre sí, pero dentro de cada disco hay muchos planetas de esa galaxia o de los viajes que proponemos y es eso lo que nos convirtió en una banda con un sonido tan particular. 

Entrevista publicada en el #75 de la Revista Fuera de Hora, no dejes de buscarla. Es gratis!


lunes, 13 de octubre de 2014

El hombrecito de ojos tristes



Camina por las calles de Buenos Aires, se desvía, busca miradas cómplices, charlas, cervezas y faso. Después de tanta soledad, vuelve a empezar. Música en su cabeza, a veces en sus auriculares, otras, en sus recuerdos. Tararea. No importa quién lo mire quién lo siga o lo que los demás piensen cuando está inmerso en el ritmo. Más no vayas a criticarlo con dureza. Finge con soltura. Sonríe, siempre lo hace, una broma, le resta importancia, pero le duele tanto. Más tarde, en su casa, en el sillón, enciende un cigarrillo, la guitarra en su falda, el rasguido de las cuerdas, “Do, Re, Mi” y debate entre notas si la crítica es merecida o no. Se justifica. Analiza palabra por palabra. El cigarrillo es cenizas. Enciende otro y otro y uno más. Quiere escribir, actuar, tocar el piano o la percusión, vivir en Paraná, en Neuquén, en París, en donde haya río, mar o montañas, ser un vagabundo, tener una novia o dos o tres y a todas amarlas con locura. No podría hacerlo de otra manera. Le gustaría decirles la verdad, que son varias, distintas y todas lo enloquecen. Le gustaría que acepten su amor compartido, el que puede ofrecerle a cada una porque él solo puede entregarse en mil pedazos. No se los dice, no quiere perderlas, necesita que lo amen, así, con sus ojos tristes y sus mentiras. Se amolda. Sin que se lo pidan es lo que se necesita: cocinero, mozo, hijo, amigo, hermano, amante, novio. Servicial, con todos, aún cuando no se lo piden o cuando no quiere serlo. Sonríe. Sus dientes pequeños se esconden entre los labios finos y la barba espesa. Sonríe. No porque quiera, sino para complacer a todos y a nadie y se lo reprocha, sobre todo cuando camina por las calles de Buenos Aires, entre tanta soledad, tanta música y tantas miradas.

En todas las mujeres busca una madre o, al menos, en la mayoría. Alguien que lo corrija, que lo desafíe, que lo lleve por el “buen camino”. Las seduce con su encanto, una broma, alguna cursilería. Después se muestra vulnerable, solo un poco. No quiere que lo compadezcan ni que sientan lástima. Sonríe. Esta vez no lo hace para complacer a alguien. Ahora busca una mirada, un beso, un abrazo y, quizás, con un poco de suerte, algo de amor. Miente. Ojos marrones y mirada cansada. Parece mayor, todavía no lo es. Vuelve a mentir, ellas se lo creen y él también. Ya es tarde y, aunque Buenos Aires no se apaga, él sí. Ya escuchó demasiado, aunque siempre prefiere escuchar antes de ser él quien hable. Tiene que escapar: de su vida, de su casa, de su familia, reencontrarse con esa persona que nunca fue. Una valija, un poco de ropa, solo la necesaria, la guitarra, el piano, unas fotos, un cuaderno de hojas lisas para dibujar o escribir o componer, quizás cuando se anime a hacerlo, y algunos libros, aquellos que necesita volver a leer una y otra vez. Con facilidad se desprende del resto de sus cosas. Nada le asegura que en el río o en la montaña, en Paraná, Neuquén o París, con viejos o nuevos amigos, con su familia perfecta o hecha pedazos, él sea feliz. Porque, vaya donde vaya, le gusta cargar con esa nostalgia del pasado, la nueva, sus mentiras y los ojos tristes.


*Dibujo de Fede Main