lunes, 11 de enero de 2016

Primer síntoma



Usted ya sabe quién soy, imagino que también sabe el motivo de mi carta y solo le pido que se tome unos minutos para leerme. En el transcurso de estos meses varias personas se acercaron a preguntarme por qué fui tan determinante al dejar al hombre con el que me casé. Seis meses, ese fue el tiempo que estuvimos casados ¿Por qué tomé esa decisión que para algunos fue tan apresurada? ¿Podía conformarme? ¿Cuáles fueron mis respuestas? Ahora no las recuerdo, fueron muchas, todas distintas. Algunas coincidían, otras se traicionaban y hasta yo me olvidé por qué lo nuestro, lo mío con él, no funcionó. Pedí ayuda, muchas veces. Pero ¿qué tipo de ayuda podían o podíamos darnos? Yo quería estar mejor, él también lo quería para mí, aunque no lo sabía porque para él no pasaba nada. Sí, era eso, quería estar mejor.
A usted le llegaron comentarios acerca de mi persona, lo sé, y también sé que le dijeron todo lo que “le hice” a él. Yo lo elegí, él también a mí y pensé que esa elección sería por mucho tiempo ¿Me preguntará si creo en el amor para toda la vida? Quizás se lo pueda responder más adelante. Por el momento, ni siquiera le puedo decir cuándo dejé de amarlo y ojalá no me hubiese pasado. Amar a alguien no es fácil, dejar de hacerlo, mucho menos. Olvidamos sonreírnos, compartir y nos dejamos de a poco. No pudimos hacer nada para frenar eso. Lo intentamos, créame que sí. Quería que funcionara, mirarlo como al principio, con admiración. Hicimos todo lo que pudimos, el uno por el otro, y no fue suficiente para seguir juntos. Lo hablamos muchas veces, pero no pudimos resolverlo. Insisto en que hubiese sido mucho más fácil no tener que irme de mi casa, no saber dónde vivir, no saber si me iba a alcanzar la plata, dejarle todo, incluso nuestro perro. Lo peor es que no discutíamos, no es que me fuera con alguien y jamás le fui infiel. Quería recuperar mi soledad, mis silencios y, para qué mentirle, dejé de amarlo. ¿Cuál es el momento exacto en el que se deja de amar? ¿Se puede predecir? ¿Se puede hacer algo para evitar que eso suceda o hay que conformarse y seguir y tener hijos y vivir por más de treinta años con la misma persona hasta ya no saber si solo están juntos porque se acompañaron el resto de sus vidas? “No sé si lo amo, nos queremos, nos queremos mucho y nos necesitamos”, respondería al cabo de tanto tiempo, “es el hombre de mi vida” y sería verdad. Entonces, cuando él muriera quizás sentiría alivio, aunque sabría que ya no tendría en qué ocupar mi tiempo como así tampoco mis quejas. Ni mis hijos ni mis nietos estarían disponibles para mí, les pediría que me llamaran, que me visiten y ellos lo sentirían como una obligación y yo, de todos modos, estaría sola. Durante las noches silenciosas leería hasta dormirme, sin que él se enojara por la luz que yo dejaba encendida, dormiría tarde y me levantaría muy temprano. Lo extrañaría por no poder enojarme porque él, de seguro, quisiera dormir un rato más, hasta que se levantara y hable y hable y hable más. Yo le diría que se callara la boca y que fuera a hacer las compras y él me contestaría que nunca sabe qué comprar y para no discutir iría yo y él querría acompañarme y yo me enojaría aún más porque querría que lo hiciera él sin tener que depender tanto de mí. Después de su muerte estaría tan sola que lo lamentaría. Pensaría en que no hubiese cambiado nada. Me mentiría a mí misma porque sabría que si hubiese tenido la valentía de decirle que ya no lo amaba, lo hubiese dejado y mi vejez sería otra. Quizás con otro hombre sentiría lo mismo, que lo quiero, lo quiero mucho y nos necesitamos. Pienso que quizás sí lo podría amar y mucho.
Quizás se pregunte por qué le explico todo esto ya que no me conoce. Justamente, se lo cuento porque usted armó un juicio de valor sobre mí sin conocerme, habló sobre mí con personas que tampoco me conocen, pero no nos preguntó ni a él ni a mí. Lo entiendo ¿Qué va a pensar de la mujer que deja a un hombre de la noche a la mañana? De seguro cree que tendría que haberle dado otra oportunidad, que los tiempos difíciles son solo eso, momentos de crisis y que hay que esperar por los tiempos mejores. Esos momentos en los que, después de buscarlos con desesperación, renace el amor y la felicidad. Pero ¿usted podría prometerme que al cabo de un tiempo no sentiría que me faltara algo y trataría de encontrar eso que no está pero que no sé qué es? Abriría las alacenas, los cajones, los armarios, revisaría en cada bolsillo, en todas las carteras, no sabría qué buscar, tendría ganas de llorar y no lo haría porque no sabría por qué. Me haría un té o café o mate para poder pensar con tranquilidad. La casa estaría en orden, igual que su ropa, la mía no, estaría desparramada en una silla, como siempre. Quizás tendríamos hijos y yo estaría por buscarlos en la escuela, antes dejaría la merienda lista en la mesa para que al llegar se sentaran e hicieran la tarea. Sería en ese momento, que lo entendería, que no tuve la valentía de irme cuando tuve la oportunidad. En ese momento dejar todo atrás sería mucho más difícil. No podría escapar como a los ocho que corrí por toda la escuela y me escondí en el baño para que un niño no me besara. Pensé cada detalle, al principio no lo podía entender, hasta que recordé ese día que volvía a casa en el colectivo, leía, no sé qué libro aunque me gustaría recordarlo. No escuchaba el murmullo de la gente, me detuve en una frase “todos los amores se desgastan […] hay quienes se acostumbran a ese horror cotidiano y su felicidad está en negarlo. Otros huimos ante el primer síntoma”. Leí varias veces las mismas líneas y las repetí hasta memorizarlas. No podía compartir mi felicidad con él, él no me entendía cuando yo le hablaba con pasión y yo no lo entendía a él en nada. ¿Huí ante el primer síntoma? ¿Fue lo mejor para los dos? Usted y yo sabemos que no existe una manera correcta de hacer las cosas, hay muchas formas de hacerlas mientras se hagan con honestidad. Nada de “tenemos que hablar”. Fui directa: “lo nuestro no funciona y no va a funcionar”. Él lloró en silencio. ¿Qué más se podía decir? En cuanto a mí, no lloré, ni tuve ganas de hacerlo. Miré cómo sus lágrimas mojaban el sillón, él no se las limpiaba con la manga del buzo como lo hubiera hecho yo. Él las dejaba caer. Sin pasión. Como si nada. Al sillón le quedaría una marca, no me importaba, yo no viviría más ahí y menos que menos me llevaría ese mueble que eligió la madre de él.

Creo que no es necesario agregar nada más, como así tampoco aclararle que yo siempre traté de dar y hacer lo mejor, como estoy segura que usted lo hace en su trabajo, en su vida, en sus relaciones, con usted mismo. Ojalá me hubiera dado la oportunidad de poder conversarlo y contarle esto personalmente. De cualquier manera ya se lo he dicho todo.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Entendí por qué volviste


“Esperemos, de Los Palmeras este es su tema preferido”. El termo está lleno, el repasador en las piernas, el mate preparado y todas las cumbias de nuestra adolescencia. Ellos se miran, sonríen, a veces en silencio y lo comparten todo. En un vivero, plantas, colores y no tardan en elegir un futuro juntos.

Entendí por qué volviste. Fuerte, alegre y seguro. Nos acostamos en el pasto a mirar el río, charlar de nada, de todo, algunos silencios, una cerveza fría. Competencia de saludos, afecto incuestionable, incluso de aquellas personas que no piensan como vos, pero con las que contás y con las que siempre te vas a sentir en deuda.

En el hall de un hotel, una charla de cinco minutos, esa voz que transmite paz y calma, a pesar de tener la mente atormentada y la mirada llena de lágrimas. A cada palabra un abrazo y la urgencia de encontrarnos más seguido.

Una familia perfecta, que la pelean todos los días, que ayudan de corazón, que sonríen y se enojan, se desafían, un gesto y entienden qué es lo que necesita el uno del otro. Hay ruido, películas de acción, Spiderman, el guasón que representó Jack Nicholson, en la cama siempre son tres aunque la piecita esté a un paso de la puerta. Juegan a ser superhéroes, luchan por sus sueños, con demasiada energía, esa que no da descanso, que deja sin aliento, que agota y los vuelve imperfectos y discuten y hay días que necesitan una pausa, porque están perdidos o no saben cómo pedir un abrazo en silencio, pero se miran, se aman y siguen juntos ante todo porque saben que no necesitan nada más. Se asustan por el paso del tiempo, se reflejan en un niño, lo bueno, lo malo, todo, son los mismos de antes, también tan distintos, pero ahora el miedo es más fuerte porque pueden perderlo o ganarlo todo.

Convivencia, la misma que tuvimos en calle Santiago del Estero y México, más tarde en Arenales, charlas, risas, un helado y después de tantos “abrígate” hoy lo hace sin que nadie se lo recuerde.
Tanta generosidad en cada abrazo, en cada sonrisa, en todos esos “te quiero”. Me hablaron de mí, incluso aquellos de los que no me acuerdo, de mi familia, del ejemplo que mamá y papá dejaban a cada uno de los que entraban en casa.

Volviste, a pesar de que ya no existe una casa, las familias perfectas son otras y estamos todos dispersos. En tantas amistades nuestro espejo. Sé que vos sentís lo mismo, ese recuerdo constante de lo que fuimos, de lo que permanece y de lo que siempre va a ser. Las miradas, la forma de hablar, los lugares y esas personas con las que el tiempo nunca pasa. Volviste porque supiste encontrar lo que perdimos, la mejor manera de estar juntos, de mantener vivos los valores de nuestra infancia y de recordarnos todos los días que somos lo más importante que tenemos. Pienso igual. Ahora entiendo por qué volviste.


¡Gracias a todos por tanto afecto. Gracias!

jueves, 26 de noviembre de 2015

“No hay nada más que empezar y tener paciencia y crecer”

Entrevista a Fede Main
Publicista egresado de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, dibujante, guitarrista, cantante. Siempre en movimiento, propone, se ríe mucho y abre caminos sin pedir permiso. Hace lo que se le canta y, lo que se le canta, lo transforma en arte. Creativo. Puede decir las verdades más crudas a través del humor. Habla mucho, es malo para los deportes, aunque él eso no lo sabe, y siempre busca discutir para generar cosas nuevas. Hincha de Boca. Quizás su risa puede parecer falsa, pero es sincera. Tiene un sentido muy firme de justicia que no puede callar y defiende con mucha fuerza todas sus ideas.

¿Cómo fue tu infancia?
Fede Main- “Mis viejos son unos genios, crecí con cuatro hermanos, un papá y uno de mis hermanos músico. Mamá es maestra jardinera y se encargó de darnos una linda infancia, imagino que mis hermanos piensan igual. Una familia grande, super lúdica y quilombo. No nos retaban, eso nos hizo crecer con un sentido de libertad cero restrictivo y siempre apoyándonos en todo”.
¿Cómo fue tu educación en la Escuela Normal?
F.M.- “El nivel educativo fue de bajo a medio. La pasábamos muy bien, una escuela muy divertida y tener a mi mamá de maestra tenía sus ventajas, nos daban plata para comprar cosas, la teníamos ahí. En la escuela no especificamos en nada, formalmente no aprendí demasiado, pero me dio muchos amigos y eso fue buenísimo”.
¿Por qué no estudiaste una carrera como Bellas Artes?
F.M.- “Tenía que estudiar algo que tenga que ver con el orden intelectual, ser profesional, que me pueda dar plata y todo el circo de que “de algo hay que vivir”.
Cuando terminé el secundario no me imaginaba haciendo esto, era algo muy mecánico, muy mío, de estar haciendo nada y sin pensar ponerme a dibujar. Mi vieja exagera y dice que dibujo desde que tengo 2 o 3 años, que dibujaba las tortugas ninjas con cuerpo y todo. No era para tanto, pero así son las mamás ¿no?
Dibujo en apuntes, en hojitas, en lo que tenga a mi alcance, incluso en situaciones en las que debería estar haciendo otras cosas, está mal, lo sé, pero siempre vuelvo a dibujar. Nunca le di bola porque tampoco tenía demasiada formación. Recién en la facultad empecé a dibujar más en serio, aunque siempre me pongo a dibujar en cualquier lugar”.
¿Te consideras humorista gráfico?
F.M.- “No, hago lo que me pasa a mí y tengo la suerte y la facilidad de que en el medio en donde publico el análisis me dan la libertad de hacer lo que quiera. En el suplemento no hago actualidad como el resto de los chicos, o sí cuando me sale, pero no tan referido al chiste. No hago chistes, no me sale ni sé contar chistes, lo que hago es poner referencias de lo que a mí me gusta, de lo que me pasa, de lo que estoy pensando. Por ahí son más reflexiones que chistes o lo que sea”.
¿El blog te ayuda a difundirte?
F.M.- “Creo que no o, si me ayuda, lo hace muy poquito. Ahora lo hago para mantenerlo. En un momento me sirvió, a partir de tenerlo los chicos de Jirafas me convocaron y empecé a participar ahí. Pero la verdad es que al blog no lo mira nadie. El blog es una cosa atrasada, igual todo lo que voy publicando lo cuelgo ahí, no sé, para tenerlo”.
¿En qué otras cosas estás trabajando?
F.M.- “Soy parte de la Revista Jirafas, más allá de publicar, estoy en la parte de la coordinación, en el armado de la revista, las ventas y estamos tratando de levantarla un poco. También tengo una banda, Tirate Tito, con la que ensayamos, no tocamos nunca, pero nos gusta ensayar, tocar temas, despuntar el vicio. Con el tiempo, si empezamos a tocar un poco mejor o con más frecuencia, vamos a hacer presentaciones. Dibujo para Análisis. También trabajo en el Museo de BellasArtes, un lugar muy lindo para trabajar. Es un espacio genial porque, por un lado, trabajo en la parte de comunicación, algo que estudié, por otro lado, también estoy en la parte de agenda y de gestión lo cual es muy lindo porque aprendo mucho, estoy en contacto con artistas y voy aprendiendo mucho arte que tampoco conocía. Es un espacio increíble”. 
¿Cómo te definís dentro del humor gráfico?
F.M.- “No me considero un humorista. Quizás los dibujos que me parecen más pelotudos, esos por los cuales no doy ni dos pesos, son los que terminan gustando más y los dibujos en los que me pongo más concienzudo y trato de armarlos para que se entiendan y el mensaje sea claro al final no se entienden o no producen nada. Con eso no sé ni qué pensar”.
¿Cómo surge tu afición por el dibujo?
F.M.- “Me gusta mucho la música, pero me cuesta un poco más. Dibujar, me cueste o no, lo hago todo el tiempo, agarro una birome, un papel y hago un firulete. Es mi forma de descargarme, de expresarme, mi mejor expresión, aquello que no puedo dejar de hacer, expandir mi libertad y vivir dibujando”.
¿Cómo te inspiras o cuál es tu método?
F.M.- “Siento el culo en la silla y dibujo. Para Análisis tengo que dibujar cada dos semanas, tengo un deadline y antes de la entrega me pongo a dibujar. Ese día, hasta que no me sale algo, no paro. A veces me siento, me paro, voy, toco la guitarra, me acuesto, dejo madurar la idea, hasta que llega algo, no sé qué, pero voy y lo dibujo. Tampoco me censuro, si el boceto me gustó, lo hago”.
¿Te censuras con algo?
F.M.- “Creo que no o sí, pero naturalmente. Más en la búsqueda que en los temas. Saco chistes ácidos o poco comprensibles y los publico igual. Si se enojan se enojan. Tampoco soy tan bueno como para que nadie se enoje”.
¿Existe la viñeta o el chiste perfecto?
F.M.- “No, claro que no. Por lo menos no el mío o no es mi caso. Hay chistes buenísimos de otras personas y a lo mejor casi perfectos, pero tampoco me pongo a pensar en qué es el chiste o en cómo hacerlo bien o perfecto o bueno o malo. Hago lo que me sale y, a veces, lo que creo que no es bueno termina gustando más. Todo el tiempo me sorprendo”.  
¿Cómo fue tu primera experiencia laboral?
F.M.- “Mi primera experiencia laboral fue una cagada. Vivía en Buenos Aires, estaba por terminar la facultad, me quedaban un par de materias y me dijeron que había quedado para el puesto. Eran nueve horas de trabajo más otras cuatro de facultad, pensé que todo iba a estar bien, pero me empecé a preocupar, a sentir pánico. Solo fui un día y al siguiente renuncié. Lo dejé porque sentía mucho malestar. El trabajo era un trabajo como cualquier otro, no era para tanto, pero me cuestioné un montón de cosas y decidí volver Paraná, empecé un curso con Javier Solari, un artista plástico de acá, a dibujar un poco más, a hacer historietas y comics y me re copó y hasta el día de hoy es lo que más me gusta y la forma en que elijo expresarme. Estuvo buenísimo. En ese momento no lo vi. Ahora me doy cuenta de que fue una crisis que me hizo potenciar las cosas que quería ser y hacerlas, me puse a trabajar en cosas que quería hacer y postergaba mientras estudiaba la carrera, me puso en crisis la carrera misma como profesión. En definitiva fue un período de gran crecimiento”.
¿Por qué decidiste volver a Paraná y qué extrañas de tu vida en Buenos Aires?
F.M.- “Porque es mi hogar. Me encanta Buenos Aires, disfruté mucho de estar allá, pero sentía que quería estar con mi familia. Tampoco sé si me voy a quedar acá para siempre, pero es mi espacio en el mundo, el lugar al que siempre voy a volver. De Buenos Aires regañaba el hecho de tener que viajar una hora y media a la facultad, pero me gusta el movimiento, las actividades, allá dejé muchos amigos, muy buenos amigos, es un lugar al que también me gusta volver”.
¿Qué es lo que más te apasiona de dibujar?
F.M.- “La manera en que fluyen o convergen mis pensamientos con el medio y la facilidad con la que los dibujos me permiten expresarme. Con la música no me pasa, me encanta y necesito escucharla todo el tiempo, pero a la hora de tocar soy bastante queso y no tengo la misma motivación. Dibujar siempre es creativo, no me repito, bajo línea de mi cabeza al papel.
Varias veces me dibujé, es raro, hay que aprender a convivir con uno mismo, sobre todo si es un retrato realista donde saltan tus defectos y, aunque no te guste, los tenés que poner. Es un ejercicio que lleva tiempo. Sí, me gusta me digan que dibujo bien o que me reconozcan. Así que dibujarme a mí mismo representa esa cuota narcisista”. 
¿Qué le recomendarías a alguien que se quiera dedicar al humor gráfico?
F.M.- “Que empiece ya. Que se ponga a hacer. No hay nada más que empezar y tener paciencia y crecer. Creo que la mano va por ahí, en no darse por vencido y seguir”.

     

domingo, 25 de octubre de 2015

Alegría azul y oro




“Yo te sigo a todas partes, cada vez te quiero más”. Camina pesado aunque no lleve la mochila o el raquetero. Los ojos marrones, la mirada triste y, a veces, casi sin ver ¿cómo hace en la cancha para distinguir las jugadas, la pelota, el gol? Los escalones de dos en dos hasta encontrar el mejor lugar para ubicarse entre los hinchas. Las manos en los bolsillos, los hombros caídos y el cuerpo apenas inclinado hacia abajo mientras espera la entrada de los jugadores. Él y Tomi miran el hueco por el que algunas vez se colaron a la platea, hoy no, un policía lo custodia. Llega la barra y ahora sí: canta, grita, mueve el brazo, con todos, como todos, en esa fiesta que es la bombonera. Cada viernes, a las 12 del mediodía desde la compu, con Tomi se ponen de acuerdo, y a veces su hermano y su mamá también lo ayudan, para actualizar, actualizar y actualizar hasta tener la suerte de sacar la entrada. Para los socios adherentes no es fácil, pero después de tanto esfuerzo hoy está ahí. Los jugadores en la cancha, la pelota en el centro y el pitido inicial. Sonríe. Mira a Tomi que salta y canta igual que toda la popular, él también salta y canta, aunque no sabe cuándo empezó a hacerlo. Sonríe. Esa es su cara que más me gusta y sonríe y espera que en esos 90 minutos los jugadores le den una alegría. Cuando lo mira por la televisión, camina, se sienta, las manos en la cara, en el pelo, vuelve a caminar, les habla a los jugadores y putea, pero no los putea a ellos, se enoja con el árbitro, le grita por lo que cobró o se ríe incrédulo porque no puede creer lo mal que está dirigido el partido. Cuando habla de Boca lo hace rápido, casi sin respirar, después vuelve al silencio, pero solo para no cansarme con el tema. Se acuerda de todas las jugadas, los goles y los festejos y, aunque no le guste, también habla de los malos momentos del club, de las finales no ganadas, de los jugadores que se fueron y de los que están por venir. “Ese pibe es crack”, le dice a Tomi y señala a Cubas. Tomi asiente sin sacar la vista del partido. Rápido se lleva las dos manos a la cabeza, el arquero contrario ataja lo que podría haber sido el primer gol. Mira a los lados, la gente, las camisetas, el que siempre se trepa al alambrado. Se alegra de que esta vez no haya ido la gorda que siempre putea a los jugadores. Vuelve a mirar al que está colgado y piensa a cuántos partidos habrá ido y cuántas canchas conocerá. El “uhhh” de la tribuna lo devuelve al partido. Con Carlitos en el club la cosa es distinta. Le grita al árbitro, igual que el resto, porque eso que no cobró era penal. Termina el primer tiempo y todos se sientan rápido.    
En su casa a veces está muy lejos, de él, de mí, de todos. Las palabras justas, siempre muy atinado, honesto, directo y simple. No le gusta ostentar. Generoso. Admira a su hermano, en muchas cosas le gustaría parecerse, aunque también le gustaría que su hermano sea más despreocupado y libre, así, como él. A su papá se parece en lo callado y en el sentido del humor, a su mamá, no podría decir en qué se parecen, pero ella siempre dice que él era una campanita, inquieto, despierto, feliz. Con amigos siempre sonríe. Mediador, no le gustan los conflictos, alegre, una sonrisa que contagia y compañero de todos. Hablamos y somos felices. A la noche, solo, en silencio, a veces Los Simpsons, youtube, goles de Boca a River, quizás alguno de la Selección, pero no ahora porque están de mala racha y alguna de las películas de Harry Potter para dormir.
Mira hacia arriba y ve pasar un avión. Piensa en que le gustaría ver la cancha desde ahí, le encantan los despegues y los aterrizajes, al menos para mirarlos desde lejos. Melancólico. Los fideos, todos, con salsa, ají molido, crema, manteca, verdeo o los dedalitos en la sopa.
Otra vez los jugadores a la cancha. Sea como sea en el segundo tiempo hay que ganar. La voz cansada, el brazo hacia arriba y abajo o las manos en la cabeza, en los bolsillos o agarradas mientras ruega que llegue el gol. Oscurece, hace frío, pero él no lo siente. Nadie lo siente. Aliento incondicional “y dale alegría, alegría a mi corazón, lo único que te pido ganemos hoy”.    

La pelota le queda para Luciano Monzón, ahora la levanta para Carlos Tévez, la peinaba Tévez y éste es Calleri y éste es Calleri y encara, encara, encara, Tévez por el otro lado, sigue Calleri, sigue Calleri, Calleri, Tévez, Tévez, Tévez, cantalo, cantalo, cantalo, cantalo, cantalo, goooooooooooooool, goooooooooooool, goooooooool de Boca, de Boca, de Boca, de Tévez. Jugadón de Calleri, definición de Carlitos. Él y Tomi se abrazan con fuerza y vuelven a saltar y a cantar con todos. “Pongan huevo, los Xeneixes, pongan huevo y corazón, que esta hinchada, se merece, se merece ser campeón”. Grita, canta, la hinchada sigue y sigue y sigue hasta el pitido final. De nuevo los abrazos, se toca la barba y la comisura de los labios que le duelen de tanto reír. Suspira. Pensó que no ganaban, que volvería triste y que aunque no lo demostrara la amargura le duraría hasta el próximo partido. Sin dejar de sonreír se muerde el labio inferior, las manos en el pelo y niega con la cabeza y no quiere irse, nadie quiere hacerlo, pero todavía sin dejar de sonreír mira la cancha, los jugadores que se van, la 12, los bombos, el estadio, las camisetas y sabe que va a volver, aunque falten dos semanas, va a volver y cantar y sonreír en esos 90 minutos de alegría azul y oro. 


sábado, 17 de octubre de 2015

Retrato sobre mamá






A mamá le gustan muchas cosas, es una mujer simple y cualquier regalo que le haga alguno de sus hijos le va a gustar ¿cuántos somos? Seis. Sí, sí, en mi casa había televisión. No sé cómo se las arregla una mujer para tener tantos hijos, yo apenas puedo con mi vida, pero creo que ella siempre se imaginó con niños a su alrededor. Estudió para maestra jardinera y ejerció en casa, con nosotros y nuestros amigos. Disfraces, música alta y juegos. A los más chicos les inventaba escenarios en los que ellos eran los superhéroes y la tenían que ayudar a hacer las camas para que los monstruos no invadan el cuarto o imaginaba una pista de hielo en la que teníamos que patinar con medias gruesas o con patines de tela de jogging para lustrar el piso. Apple crunch, tarta de chocolate, rogel, bizcochuelo de naranja y si el bizcochuelo quedaba un poco apelmazado mejor. Siempre hacía un lugar en la mesa para alguien más. Olor a torta o a limón, sobre todo en invierno. Cantaba todo el tiempo, todavía lo hace. La primera en levantarse y la última en irse a dormir, aunque ahora creo que duerme un poco más. La segunda tanda de papas al horno siempre quemadas. Restauraba muebles, pintaba y decoraba casas, vendía empanadas o tartas o seguros o publicidad. Cualquier cosa para sumar “unos pesos” a la casa. Cerca de navidad esa plata la escondía de papá para comprarnos un regalo un poquito mejor. Cuando el Ratón Pérez se olvidó de pasar a buscar el diente que se le había salido Meny mamá le dijo que era por miedo porque nuestro gato, Matute, andaba por ahí. La verdadera historia es que se quedó dormida y no llegó a dejar la plata abajo de la almohada. 

El mueble prohibido del comedor diario: el de los acrílicos, servilletas “especiales” que se usaban para cumpleaños, pero en realidad eran para decoupage, pinceles y demás. Me ayudó con una de las materias que tenía en la facultad, yo nunca supe pintar y dibujar, entre las dos hablábamos la idea y ella me hacía las presentaciones. Mi calificación nunca bajó de nueve. Demasiado servicial, demasiado buena, demasiado gentil. Ayuda a todos, como puede, desinteresadamente. Trata a todos por igual, con el mismo respeto, con atención y una sonrisa. No para de hablar de casas, negocios, neurociencia, hasta que, como dice uno de mis hermanos, hay que presionar ese botoncito de off y pedirle que te escuche, ella en silencio, lo hace. Siempre necesita un abrazo o escuchar un “te quiero” de sus hijos, pero no lo dice. Espera a que cualquiera de nosotros la busque y ahí está, incondicional. “Llego en veinte”, dice, pero entre que tiene que esperar para sacar la tarta del horno, colgar la ropa, que se baña y termina de hacer no sé qué, llega una o dos horas después. Alegre, sólida, fuerte, feliz.  Levanta cualquier cosa que encuentra en la calle, sonríe pícara y lo convierte en arte. Coqueta. Le encantan los perfumes, la ropa, los aros y las selfies. Con esa locura que empuja hacia adelante, nos alienta a cumplir nuestros sueños, a ser felices, nuestra mejor versión ¿Y sus sueños? Todavía le quedan muchos, pero el más importante ya lo realizó, ser mamá.











martes, 13 de octubre de 2015

La otra mujer



Nunca tuve la paciencia suficiente para escuchar el tic tac del reloj, ni los problemas ajenos, esperar la temperatura perfecta del café o tomar decisiones. Lo intenté. También muchas veces quise desintegrarme o desaparecer. Simple. Cerrar la puerta del departamento, esconder la llave para no tener que tentarme a salir o atender a alguien. Me preocupa hasta cuándo me alcanzaría la comida que tengo en la heladera, también si la cantidad de latas que tengo en la alacena serían suficientes hasta que llegara el momento en el que empiece a adelgazar y a buscar urgente la llave o la demencia. El silencio se convertiría en tristeza. Ojalá pudiera escribir, escribir y escribir más ¿podría de una vez por todas empezar con mi novela? Al cabo de unos días se terminaría el papel higiénico y ese sí que es un objeto difícil de remplazar ¿Cuántos días podría pasar sin bañarme? ¿Dormiría en la cama o en el sillón del living o en el piso? Me acercaría a la baranda del balcón y pensaría en tirarme. No es que no lo pensara desde antes, pero siempre me limitó el dolor. Además, todavía no empecé la novela. En todo caso ¿qué legado dejaría? ¿De esa manera tendría la posibilidad de perdurar? Al menos con algo, un trabajo, un amor, un sueño, con mi vida. Durante muchos años estuve obligada a aceptar cada acontecimiento, las decisiones de los demás, pero nunca me permití sentir la perpetuidad de la cordura. Estaba muy conmovida para dormir. ¿Cómo se supone que se cambia la vida? ¿Cómo se elige vivir de otra manera? Estoy callada, sin mucho para decir o quizás con demasiado, pero sería lo mismo. Prefiero no decir nada. Aire fresco. Lo necesitaba, salir al balcón no era suficiente, volvería a imaginar la caída, quizás hasta gritaría, aunque lo dudo, y tendría que sentarme para dejar de sentir tanto vértigo ¿Cómo quedaría mi cuerpo en el vacío? ¿Quién sería la primera persona en llegar a socorrerme o a qué familiar le avisarían primero? ¿Cómo reaccionarían mis hermanos? ¿Mis padres podrían volver a compartir una habitación solo para despedir mi cuerpo o se culparían entre ellos por no haberse dado cuenta? Sí, aire fresco era lo que necesitaba, pero tendría que salir a la calle, mirar cómo la gente vive su día, escuchar conversaciones ajenas o ruidos de autos y yo todavía sin una historia que contar. Debería salir a caminar así tampoco podría cumplir con mi proyecto de abandono. Quizás podría encontrarme con alguna persona que haya sido parte de los mejores momentos de mi vida, abrazarla y decirle lo afortunada que fui de conocerla. No sería mentira, pero para mí no valdría nada hacerlo, solo encontrar a alguien que en mi entierro pudiera decir que yo era “buena” y tampoco valdría para nada porque preferiría que mi cuerpo se hiciera cenizas. Antes que eso tendría que ocuparme de poner mi vida en orden. Auto-decepción, mentiras, silencios y hacer la vista a un lado. Si mi vida estaría llegando al final de sus días ¿sentiría arrepentimiento? Estaría demasiado vieja para empezar de nuevo, no viviría sola porque mis hijos cuando no supieran qué hacer de su vida volverían a vivir conmigo, porque la casa de la infancia nunca deja de ser su casa y ya no los aguantaría y querría estar sola. No podría negarme a que volvieran, lo pensaría, pero al fin y al cabo tendría que bajar la mirada y decirles que se quedaran todo el tiempo que fuese necesario. Ese tiempo no serían semanas ni meses, terminarían siendo años. No les exigiría que paguen las cuentas, quizás sí que limpiaran de vez en cuando o que fueran al supermercado. Se los diría con indirectas o bromas de mal gusto, hasta me enojaría cuando no hicieran lo que les pido. Tendríamos mucho de que hablar, no lo haríamos, aunque ellos me preguntarían por su padre y yo les diría que era una molestia, pero se me llenarían los ojos de lágrimas porque en verdad lo hubiera amado. Todavía en camisón me serviría un whisky, lejos de la conversación, arrastraría los pies hasta el baño, ya sola, frente al espejo, miraría las arrugas en mi cara, las tocaría y pensaría ¿cuándo fue que me volví tan vieja? ¿Cuándo dejé de ver nítido, de ser buena y alegre? Fui hermosa, me lo decían mucho y yo lo sabía. No más. ¿Quién podría amar tanta fragilidad? Cansada, de mal humor, dos pastillas para el dolor de cabeza y todavía no hay palabras en la página en blanco. Quisiera escribir una novela brillante, quisiera ya haberla escrito de joven y leo a otros escritores para robarles ideas, para inspirarme o tan solo para odiarlos. Con una novela mediocre me conformo, pero debería estar bien escrita, la corregiría muchas veces hasta que así fuera. Aire fresco. En el balcón, en la baranda y ¿qué podría doler más, no llegar a escribir nunca o caer al vacío? De cualquier manera, caer o escribir tienen solo unos segundos de fingida libertad, porque las palabras nunca llegan a ser perpetuas y la caída garantiza el momento de impacto. Durante mucho tiempo supuse que todo estaba bien, la vida en pareja había sido un infierno, por pelear lo suficiente o por no hacerlo con la frecuencia con que deberíamos haberlo hecho. Demasiado cómodo, demasiado frágil, demasiado egoísta. El aire en mi cara, sentí el frío de la baranda en mis manos, pero no miré hacia abajo. Me trepé de a poco hasta sentarme. Ahora el frío no estaba en mis manos, lo sentía en las piernas ¿Cambiar mi vida? Era tentador, igual que el vacío, que el silencio, que caer, que la libertad.      

lunes, 5 de octubre de 2015

“Soy una chica común que va viviendo el presente de la manera en que surge”

Entrevista a Calu Rivero



Soy de las primeras en llegar a Isabel Bar ubicado en Palermo Soho. Apenas entro me ofrecen un Campari, llegan dos o tres periodistas más y apagan las luces, el volumen de la música es más cada vez más fuerte y yo tengo que esforzarme por anotar cada cosa que pasa casi sin ver lo que escribo. El bar cada vez más lleno, los fotógrafos piden a los famosos que posan y se disparan distintos flashes. Fotos individuales, manos en las cinturas, fotos grupales, abrazos, sonrisas, más poses y flashes y más flashes.
El murmullo de lugar se apaga cuando Calu llega al evento de Roho Summer 2016, ella, pollera larga y sombrero, la sonrisa de siempre y la alegría que la caracteriza. A pesar del silencio que se hizo cuando llegó ella es todo ruido y alegría. Camina entre la gente, saluda a todos muy simpática, se desliza por donde después van a desfilar las modelos.
Con el grabador y el cuaderno en la mano voy al baño de espejos. No encuentro la puerta, una mujer tiene que decirme cual es y yo me siento entre tonta y divertida. En cada baño una vela y todas las paredes son de espejos. Salgo, ya empezó el desfile, que es más corto de lo que esperaba. Algunas modelos son muy serias, otras no tanto. Nunca entendí por qué tanta seriedad al desfilar. 
Miro hacia un lado, Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur hacen bromas entre amigos, adelante, Calu da notas. Me acerco.
“Mi vida está acá en la Argentina, no es que vendí todo y me fui: mi casa, mis amigos, mi familia quedaron y quedan acá. Aprovecho todo lo que puedo, me encanta, la paso super bien”.
¿Cómo fue la experiencia de hacer la campaña de Etiqueta Negra con Polito Pieres?
Calu Rivero: “Bien, la verdad es que nos divertimos mucho. Él es deportista, muy relajado y confía en lo que otros le puedan decir o aconsejar, no es que vaya a quedar mal. Jugó, jugamos todos, fue increíble”.
¿Qué es eso que te enamora de él o por lo que lo elegís todos los días?
C. R.: “Él es simple. Super simple. Un divino, es amor, me eleva”.
¿Tienen planes para el futuro, fecha de casamiento?
C. R.: “No, por ahora no podemos plantear mucho el futuro, menos que menos con nuestras carreras. Sobre todo él que está tres meses en cada lugar. En cuanto a mí, yo estoy acá, allá, puedo ir y volver. Más importante que proyectar planes a futuro es vivir el presente y nuestra relación con mucha intensidad”.
 “Se los ve muy compañeros”.
C. R.: “Sí, desarrollamos eso y cuando encontrás una persona con quién vivirlo es buenísimo. Disfrutamos de compartir y estar juntos. Un compañero así es lo más”.
¿Seguís corriendo?
C. R.: “A full”.
Una vez hablaste de realismo mágico, ¿sentís que lo estás viviendo o crearías un mundo distinto para vos?
C. R.: “Lo vivo. A veces me encuentro viviendo situaciones que defino como eso, como un realismo totalmente mágico que yo, a mí manera de pensar y teniendo en cuenta que soy una chica de pueblo y de un origen muy modesto, estoy más que feliz con la vida que tengo. No podría pedir más”.
¿Te sentís muy distinta a la Calu de tu infancia?
C. R.: “Nada. Apenas llegué de viaje mamá me mostró unos videos que tenía de cuando yo era chiquita. Es la misma esencia, el impulso, lo eléctrica, todo. Me siento un poco distinta a partir del viaje porque viví muchas cosas que me hicieron madurar, pero después la esencia es la misma”.
Modelo, dj, actriz ¿Cómo articulas todo lo que haces?
C. R.: “Naturalidad. No hago nada por obligación, sino porque me nace y quiero. Cuando necesito distanciarme de la música porque quiero dedicarme a lo actoral lo hago. Me gusta poder fluir con lo que voy sintiendo”.
Sos muy activa en las redes sociales y hace poco subiste en Instagram una foto con Polito que fue problemática ¿te preocupa lo que la gente pueda llegar a pensar?
C. R.: “Soy muy relajada y me divierte ser así. Me causa gracia que vean una espalda y piensen mal. Es necesario que la gente vea más cine y sean más abiertos, pero no hay forma de que yo haya pensado en esa foto desde lo sexual”.
¿Cómo pensas que te describiría una amiga y cómo lo haces vos?
C. R.: “Como me describe mi mamá “cascabel”. Siempre sonando porque algo está por pasar. Un cascabel a veces está muy arriba, a veces no tanto. No soy una super mujer. Soy una chica común que va viviendo el presente de la manera en que surge. Tengo una actitud muy positiva ante la vida, pero también tengo días en que lloro, la paso mal o siento que no pude hacer lo que quería lograr. Otras veces celebro. Creo que es importante destacar que en las redes sociales yo elijo qué poner. No es que mi vida es perfecta. Elijo poner eso y no contar si estoy triste”.
¿Qué pensas de la participación del Chino Darín en Historias de un Clan?
C. R.: “`Historias de un Clan´ es brillante. Llamé al Chino para felicitarlo. Todos los involucrados son grandes actores. Estoy feliz de que esa miniserie sea argentina”.


Calu se despide mientras sonríe y saluda al resto de los invitados del evento o, mejor dicho, los invitados se acercan a ella. Cualquiera podría pasar desapercibido, ella no. Brilla, contagia alegría, es música, como la describe su mamá, igual que un cascabel.